Pretendo viajar miles de kilómetros tierra por un abrazo
ése que ningún hombre ha podido darme
ése que ningún hombre ha querido darme
el que enterró mi padre cuando fui más humana, menos hija.
¿A qué vas hasta allá?
preguntó el que malvive de pan.
Voy a alimentarme de mar. A curarme los ojos con sal,
a cubrirme de los besos que no germinan en esta ciudad.
Pasaré doce horas vida en autobús por un abrazo.
ése que de ninguna mujer me basta
ése que de todas las mujeres no me bastaría
el que se le acabó a mi madre cuando le rebasé el ombligo.
El que mi país me ofreció a cambio de ver, oír y callar.
El que el cielo me prometió por renunciar a la riqueza.
El que niegan el discípulo, el terapeuta y el budista.
El abrazo reservado, como mesa para dos, como mesa vacía,
para el amor entrecomillado de la vida.
Ése,
dámelo tú, que no tienes brazos.
Acúname tú, que tienes ríos.
Sostenme tú, que reverdeces.
Guárdame entre tu alta hierba.
Le presto a tu niebla mi voz;
y a tus historias, mis huellas.
Porque el amor propio no existe, son las aves,
porque en ti he visto el amor desbordar las azoteas,
porque no administras tus frutos a plazos,
ni hay para tu ternura lista de espera,
abrázame tú, manantial en la arena.
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