Si yo fuera la madre o el padre
de la mujer que soy
estaría orgullosa de mí:
Una hija a la que lo último que le importa
es comprarse una pantalla
pagarle a hacienda
actualizar su régimen fiscal.
Una hija con prioridades claras:
bailar, entregarse, viajar
adoptar palabras en situación de calle.
Pero eso es porque soy poeta
y todas queremos hijas que se nos parezcan.
Si yo fuera contadora
como lo son mi madre y padre
seguramente estaría tan preocupada como ellos
por esta hija que se hará vieja
sola y sin pantalla que la acompañe
sin patria ni opinión de cumplimiento
sin marido ni puntos del Infonavit.
Lo que no saben es que esta hija
que podrá no ser la oveja exitosa
también tiene oficio de contadora, sí,
pero de historias.