La paz de estar sola
a oscuras de noche
se parece a escuchar
la canción de tu vida
cantada por la vida
sólo para ti.
Se parece a estar
en una cueva con vista al infinito
desde la que puedes observar tu dolor
y observarte mientras lo lloras
recostada en una vieja piedra
que resulta ser una excelente almohada.
La paz de estar sola
se parece a dejar de existir:
cuando no existes
nadie te dice qué hacer.
Sólo se parece
la verdad es que aún existes.
Aún puedes desnudarte
abrir las ventanas
comer mangos sin pudor ni tenedor
y sentir cómo el calor
preámbulo de abril
te quita las ganas de aferrarte a las cosas.
Te desprendes
de(s)bordes y márgenes
sigues el diálogo
dices sí a este acto improvisado
que nadie dirige
al que nos entregamos como si público y guion.
Al final
la paz de estar sola
a oscuras de noche
es muy parecida a la certeza
de saber andar en bicicleta
y conocer a ciegas tu camino de vuelta.
En dónde estés y a cualquier hora
abrir un portal como se pide un taxi
y andar el camino de vuelta a ti.