Si nunca has roto un plato es porque jamás lavaste uno,
y por razones varias yo he roto decenas de platos blancos:
por distraída
por compulsiva
por el gusto de lanzarlos
porque nunca vi una lluvia de cerámica
y no faltaron nucas donde estrellarlos.
Perdón.
Propongo mi lapidación en porcelana
o mi reinserción social lavando estufas
--sólo de consciencias buenas--.
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