miércoles, 5 de febrero de 2020

La llave



Terapeuta cuestiona
si esto que siento es amor
o un apego emocional insano,
¿podrían ser ambos?

A la orilla de la cama me he sentado
cual madre de una adicta de veintiún años
a acariciarme los pies con fiebre.

Respiro hondo y miro a la pared a los ojos:
suéltala / no quiero
esta angustia no es amor
es síndrome de abstinencia.

Terapeuta pregunta
¿la amas más de lo que te amas?
Ya no.
Pero podría.

Podría huir de este cuarto, buscarla
jurar que no habrá otra vez más que ésta
en que vuelva a inhalarla de cima a sima
con la punta de mi nariz.

Riesgo latente:
por un instante más de ella
podría dejar en prenda mi rumbo.

Podría, pero me prefiero viva.

Por eso me he encerrado aquí
a confesarme con el techo
y cual madre que enseña lo que es “no”
a tolerar mi prolongada rabieta.

Así me he descubierto
de profundidad intacta
confiada       confinada
a esta cerradura elegida
bajo la llave libertad.

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