Para usté que se asoma por las grietas de la vida,
convertida en loba cuando ya se durmió el niño.
Señora que quiere conocer el interior de las cosas,
estudiosa del idioma de la noche,
lectora de la posición del polvo a contraluz:
Le traigo esta lamparita para alumbrar misterios,
de tamaño ideal para sumergirse en lo pequeño.
Le vengo ofreciendo mis servicios de puentera:
ayudo a atravesar al rayo -del sol a su mejilla-
la tomo de la mano hasta el otro lado del silencio
le preparo los conjuros abridores de caminos.
Escape, huya, baile, que al rato yo le abro la puerta.
Yo aquí le doy su vuelta al niño.
Que a usté se le acabe el cuerpo en todo, menos en esperar.
Vaya tranquila.
En su casa se queda la habitante más antigua de los márgenes.
La partera de senderos.
La traductora del presente.
La poeta.
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