Mi proyecto de vida es no hacer nada.
Voy a dejar que todo llegue a mí.
Así, cuando anciana podré decir:
Estiré las manos
despejé mi regazo
abrí mi morral
y dejé que la vida lo llenara de piedras.
Dejé a mis manos apilar esas piedras,
dejé a mi cuerpo resguardarse debajo de ellas.
Dejé que los niños me alimentaran con dulces.
Dejé a mi alma recoger algunas tablas
y dejé que mi sueño las convirtiera en cama.
Dejé el mando a mi memoria.
Dejé a mi olfato decidir el siguiente paso,
a mi corazón dirigirme los viajes
a mi aliento dictarme estas líneas sin consultarme.
No sueño nada.
Soy hija de la suerte y los rezos de Lupe.
Heredo mi porvenir a las condiciones climáticas.
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